Vestiphobia en La Habana, una experiencia de colaboración

 

ensayo de arte

Vestiphobia en La Habana, una experiencia de colaboración
Autor: David Mateo
Belkis Martín
Belkis Martín

La reactivación de los vínculos políticos, culturales y económicos de Cuba con países hegemónicos del mundo occidental, ha adquirido un impulso insospechado en los últimos dos o tres años. No cabe duda que a ese incentivo ha contribuido de manera directa el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y los países de la comunidad europea. La lista de visitantes públicos e incógnitos ha ido aumentando de manera gradual, y a ella se han incorporado personalidades relevantes de casi todos los sectores del quehacer humano, los cuales, hace algún tiempo, hubiéramos dudado llegaran a pisar la Isla.

Pero los contrastes en ese proceso de aproximaciones e intercambios no se han hecho esperar, y aún no podemos definir con suficiente claridad cuáles serán los costos y beneficios que a largo plazo ellos generarán al país. Hay quienes ven a Cuba como un terreno fértil para el emprendimiento o la expansión de iniciativas profesionales, pero hay quienes simplemente la valoran como un territorio de moda, un escenario histriónico sobre el cual dirigir las luces de sus reflectores.

Como ejemplos de esas disparidades de intenciones en el ámbito de los trueques culturales y artísticos, podríamos citar dos acciones provenientes del área del diseño de vestuario y el espectáculo. Por un lado, está la celebración en La Habana de una pasarela de la famosa casa de moda parisina Chanel, efectuada en el Paseo del Prado en mayo de 2016, un acontecimiento al cual asistió un público seleccionado, excluyendo a muchos habitantes interesados de la capital (se dice que algunos vecinos alquilaron los balcones aledaños a la pasarela a precios elevados); un evento que —a excepción de la novedad del entorno escogido— volvía a incurrir en criterios convencionales sobre la moda y sus alternativas elitistas de exhibición. Por otro lado, diametralmente opuesto, estuvo la presentación en febrero de este año del proyecto Vestiphobia, organizado por el colectivo neoyorquino de arte Ideal Glass (IG).

Vestiphobia se exhibió en dos espacios representativos y concurridos del circuito artístico cubano: Fábrica de Arte Cubano (FAC) y Galería Taller Gorría (GTG). Dentro de su programa incluyó un taller de vestuario escultórico, un performance multidisciplinario (música, audiovisual, moda experimental, danza, artes escénicas), y una muestra de documentales y video-arte sobre nuestra relación con la ropa, desde las circunstancias de producción y género hasta ejemplos bufos de tecnologías vestibles. También contó con una instructiva conferencia sobre los nuevos dilemas a los cuales se enfrentan las políticas culturales, impartida por el profesor de Crítica social y cultural de la Universidad de Nueva York Andrew Ross, y en la que llamó mucho la atención el análisis del académico sobre el desarrollo internacional de las llamadas “industrias culturales”.

“El término Vestiphobia va más allá del diseño, la producción y el consumo de ropa”, comentó Willard Morgan, fundador de Ideal Glass, escritor y actor, con quien tuve la oportunidad de conversar.

“La moda puede ser manipulada política y económicamente y ha tenido una influencia decisiva en la historia ya que demarca las clases sociales. Pero Vestiphobia también se trata de lo personal, lo físico, ya que nuestra relación con la ropa siempre implica algún tipo de vergüenza, la que el niño siente cuando el padre lo castiga por andar desnudo sin pensarlo. Al menos esa fue mi experiencia. Vestiphobia es una manera torcida de reparar nuestras heridas de niñez, es una conducta obsesiva que se manifiesta en nuestra incesante necesidad de consumo. Vestiphobia es una adicción y fobia a la ropa.”

Sin embargo, la funcionalidad y trascendencia de Vestiphobia para el contexto artístico cubano, radicó precisamente en el hecho de que sus creadores no se limitaron a la mera actitud expositiva, no transitaron por nuestros espacios institucionales y galerísticos con una actitud egocéntrica, subestimadora, típica de aquellos agentes foráneos que creen poder ofrecernos las “recetas ideales” para asumir las disyuntivas de confrontación cultural y política que se nos avecinan. Vestiphobia estimuló el trabajo colectivo, la colaboración abierta con más de 30 artistas representativos de casi todas las manifestaciones del arte, e involucró en sus talleres a un grupo numeroso de diseñadores jóvenes cubanos, una de las iniciativas más sobresalientes dentro del intercambio. Este encuentro admitió incluso, durante sus fases productivas, la presencia observadora del público capitalino. Composiciones originales, optimización en el uso de los recursos, alto poder de sugestión visual, y coherencia en las estrategias de exposición, fueron algunas de las cualidades que se pudieron apreciar en este taller de arte vestible y reciclaje con diseñadores emergentes.

 

 

Al preguntarle a Willard Morgan sobre los motivos de la elección de Cuba para la realización de Vestiphofia, este me comentó lo siguiente:

“Ustedes tienen una fuerte tradición en el reciclaje de recursos y eso es algo que nos interesa mucho, así como el arte y la estética de los artistas cubanos. Es cierto que en la actualidad la gente en Cuba tiene escasas o pocas oportunidades económicas, aparte de lo que aprueba el gobierno. Pero también es consciente de la influencia del mercado y está interesada en ahondar en los procesos de la industria del consumo. Las marcas famosas de ropa se han vendido en Cuba por algunos años, han sido importadas a través de México, Miami, América Latina… Los cubanos están familiarizados con ellas, y ahora ellos o ellas están decidiendo cómo entrar al mercado. Fue difícil seleccionar a los artistas cubanos para Vestiphobia porque hay tanto talento y son muy conscientes de lo que está sucediendo en el mundo. Ha sido un gran honor y placer colaborar con ellos y desarrollar nuestro espectáculo a través de los ojos y el público cubano. Steve Fagin concibió y dirigió el show para Fábrica de Arte, y lo hizo en cuatro actos, el primer acto introduce el pretencioso mundo del arte contemporáneo con un curador hablando de forma arrogante mientras se exhiben videos absurdos o narrativos sobre moda. El segundo acto es una pasarela loca y violenta, un slam kinético y urbano con modelos y bailarines de danza contemporánea exhibiendo los vestuarios del taller, a la heavy metal con charanga. El tercer acto es el renacimiento primitivo y atávico de un dandy acompañado por su gemela “doppelganger,” una glamorosa dominitrix cubana. Y terminamos con Francis del Río y su conjunto de epílogo, con una canción sobre cómo la gente se prestaba la ropa en la Habana y una camisa que extraña mucho.”

Es cierto que la concurrencia amplia de público y la presencia colaborativa de creadores cubanos desde sus manifestaciones y roles específicos, aportó el nivel básico de comprensión e identificación del proyecto Vestiphobia con nuestra circunstancia social e intelectual. Pero también se hizo perceptible, para el público especializado aistente a las distintas presentaciones, que los organizadores de Vestiphobia estaban al tanto del contexto cubano, sus costumbres, inquietudes y criterios de apreciación, que los artistas estadounidenses que no conocían la realidad del país y se adentraban en ella por primera vez, al menos mostraban una disposición auténtica para la interrelación y el diálogo. El mega performance que IG desarrolló en F.A.C fue un ejemplo fehaciente de ese involucramiento. Los protagonistas norteamericanos y cubanos actuaban y compartían de tú a tú con el público asistente, conversaban con él, lo provocaban con gestos, voces, sonidos, y el ambiente general que matizó la pasarela, o mejor dicho, la estrategia de desplazamiento de los “vestuarios escultóricos” —en la cual estuvieron involucrados además estudiantes de danza contemporánea y modelos—, parecía querer emular con ese coloquio caótico, con esa algarabía lúdicra con la que transcurre la vida en muchas barriadas habaneras. Conversando con Willard Morgan me enteré, incluso, de que él y el director del performance, Steve Fagin, habían viajado a Cuba en varias oportunidades y conocían algunas interioridades del entramado social. También supe que la cubana Grettel Carbo, la mexicana-cubana Berta Jottar, (ambas radicadas en Nueva York) además de participar en las labores de producción general, coordinaron personalmente con el cubano Yoelvis Lobaina (cordinador de producción en Cuba) el taller con los diseñadores jóvenes en Vestiphobia, dirigido por Uta Bekaia. En realidad todos ellos, y el resto del equipo de IG, trabajaron de forma mancomunada para que los contenidos de las puestas en escena, tanto en F.A.C como en Galería-Taller Gorría, se intervincularan de manera orgánica, natural, y no se tergiversaran los propósitos de esta primera plataforma de trabajo en la Isla, dentro de los cuales destacan: hurgar en la perspectiva experimental, transdiciplinaria, del diseño de vestuario; involucrar el discurso teatral, performático, con las preocupaciones y contingencias culturales propias y ajenas; contraponer un enfoque poético, alegórico, a las convenciones valorativas sobre la producción textil y su comercialización global; ganar conciencia entre todos los involucrados de que el aspecto aparencial, decorativo, constituye el frágil revestimiento de una estructura mucho más compleja, controversial, en la que se traman —para bien o para mal— los destinos de la sociedad contemporánea y su sistema de valores.

Equipo de producción de Ideal Glass (IG):
Willard Morgan. Performance escrito y actuado.
Steve Fagin. Director. Performance concebido y dirigido
Uta Bekaia. Director de arte y vestuario
Grettel Carbo. Productora/Relaciones Públicas/Diseño Web
Berta Jottar. Productora/Curadora muestra de video/documentalista
Marie van Eersel. Coordinación de producción/Asistente de dirección/dramaturgia
John Sully. Compositor, músico, diseñador de sonido
Jessie Stead. Editor de video
Nicholas Motyka. Cinematógrafo/editor de video
Darlene Ken. Asistente de diseño

 

Invitados Especiales

Margarita Mileva. Diseñadora de vestuario
Andrew Ross. Profesor Universidad de Nueva York

Equipo de producción en La Habana

Yoelvis Lobaina. Coordinación de producción/investigación
Alicia Hechavarria. Jefe de escena/traductora
Catalina Montero. Maquillaje
Aleynes Palacios. Traductora

 

Diseñadores de vestuario

Alain Marzan
Sandra Edih de Huelbes
Celia Ledon
Ariadna Doeste
Yoel Lujo
Alejandro Ferro
Paula Fernández
Rolando Suárez
Alicia González

 

Actores

René de la Cruz
Yessica Borroto Perryman
Mariana Valdés

 

Danza

Niosbel González. Coreografía
Luvyen Mederos. Coreografía
lKatia Aislen
Luis E. Carricaburu
Odeylis Mederos
Jorge Ramírez
Julio C. Rodríguez
María de la C. Romero
Eglier Morales
Alina Reguera
Elba de la C Álvarez
Yindra Regueifero
Carlos Miguel Prieto
Daniela Treto
Liset Francia
Virgen María Díaz
Darlenis Rodira
Rosana Peña
Irina Pérez
Cristina Dueñas
Elisa Batista
Yenzel Medina
Claudia Taboada
Karen Dayan
Armando Crespo
Guzmán Saura
Enmanuel Galban

 

Modelos

Roberto Espinosa
Indira Rodríguez
Zola Ross-Gray

 

Músicos

Francis del Rio
Tanmy López
Justo Rafael Aboy
Raúl Venegas

 

Equipo de documentación audiovisual

La Central

 

Equipo de Sonido e Iluminación

La Rueda Producciones

 

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