Pase de Lista

Por: Jorge Peré

Desandando algunos sitios y blogs de terapia radiactiva –Hypermedia Magazine, Penúltimos Días, inCUBAdora, La Habana Elegante, Isliada, La Noria, El Estornudo, entre otros–, imprescindibles para estar a tono con lo que pasa al interior del espacio literario cubano y foráneo (porque nuestras revistas nacionales impresas, ebrias de oficialismo, se dedican a hacer la autopsia del pasado en detrimento del ahora; son fósiles que se acogen a un paradigma museable), encontré la razón de estas líneas. De súbito, me topé con un valioso fragmento del prólogo a Una literatura sin cualidades. Escritores cubanos de la generación cero (Casa Vacía, 2016), escrito por el exiliado ensayista cubano Duanel “Pacquiao” Díaz Infante (La Habana, 1982).

Seguidamente se apoderó de mí la expectativa. No alcanzaba a imaginar lo que se traía entre manos el autor de Palabras del trasfondo. Intelectuales, literatura e ideología en la Revolución Cubana (2009) y La Revolución congelada (2014) con esa nueva compilatoria. Admiro a Duanel, tanto como a su no menos polémico contendiente, Rafael Rojas. Ambos conforman lo que, a mi juicio, es la zona más seria y distinguida del ensayo cubano en la diáspora (sin contar, desde luego, al irrepetible Roberto González Echevarría en su altar de Yale). Quizás por ello, tras leerme de un tirón aquel texto brevísimo y contundente, quedé con deseos de resituarlo en una situación de conflicto, la acostumbrada escenografía en la que ha venido bregando esta pareja de autores.

Reconozco que de tanto empaparme en el “reparterismo” intelectual que por momentos define la relación entre Díaz y Rojas –muy bizantino para algunos–, he terminado por aceptar sus respectivos estilos como la variante más eficaz si se trata de intervenir los “valores fundamentos” que conciernen al campo cultural y literario cubano. Y es que cada uno, a su manera, propone una lectura muy personal, soberbiamente lúcida y lucida, sobre lo que ha sido Cuba en este último medio siglo.

La idea que tuve en principio fue imitar el modelo de lectura del suspicaz Rafael Rojas. Esto es: leer el texto de Duanel desde una prudente distancia, atacando sus sentidos y definiciones más evidentes. Luego, reparé en que no había mucho que sancionar ahí, que Una literatura… es el libro que sueña leer cualquier crítico medianamente enterado de lo que pasa con la literatura cubana actual, cuya existencia se da al margen de la ideología política. Sin embargo, hay algunas cosas que sí me inquietan –que inquietarían a Rafael– de solo verlas, y hacia ahí voy. Al grano.

Duanel apuesta por dibujar una posible cartografía literaria, partiendo de la propuesta taxativa del escritor Orlando Luis Pardo Lazo, cuando se dispone a pensar la literatura que se produce en Cuba, a la luz del nuevo siglo. Pardo Lazo ha descrito y nombrado la presencia de una “Generación 0” en nuestro contexto, cuya existencia no obedece a una homogeneidad etaria –en ella compilan autores de diversas edades–, sino a un contexto de paridad editorial. O sea, a ella pertenecen –a juicio de Pardo Lazo– todos los autores que comienzan a publicar en los años 2000, dentro o fuera de la isla. Así, la nómina de Duanel reúne a Pablo de Cuba Soria, Jorge Enrique Lage, Gilberto Padilla Cárdenas, Óscar Cruz, Osdany Morales, Abel Fernández-Larrea, Orlando Luis Pardo Lazo, Carlos Manuel Álvarez y el propio antólogo. Además, también aparecen Gerardo Fernández Fé y Gleyvis Coro Montanet, como excepciones de la regla, que el autor justifica por razones de gusto personal.

Hasta aquí, todo parece normal. Sin embargo, ¿qué pensaría la FMC literaria, comandada por Marilyn Bobes y Reina María Rodríguez, al notar la escasa representatividad de mujeres en la antología? ¿Acaso Mariela Varona Roque, Polina Martínez Shvietsova, Susana Haug, Legna Rodríguez Iglesias (sorprendentemente fuera de este grupo) y Jamila Medina Ríos, no comienzan a dar a luz sus libros en el mismo espacio fijado? ¿No sabe esto, el impenitente lector, Duanel Díaz Infante?

Cualquiera diría que para Duanel la literatura es cosa de hombres. Quizás, al antologar los años 90, el crítico también omitiría a Ena Lucía Portela y Verónica Pérez Kónica. No se sabe. Los hechos, más allá de que Gleyvis Coro está ahí haciendo los deberes, revelan su visión patriarcal de nuestro espacio literario.

Pero sigamos adentrándonos en la oscuridad de este pasillo. En más de un lugar he leído que dentro de los autores de la “G-0”, sobresale Ahmel Echevarría como escritor medular, indiscutible. Otro poco sucede con el extraño caso de Raúl Flores Iriarte, escritor de innegable calidad pese a lo poco que es ponderado, y el no menos atractivo Michel Encinosa Fú. Sin embargo, ni aquel ni estos últimos figuran en la meticulosa selección de Díaz Infante. Después de todo, ¿qué busca decir el ensayista con este nuevo libro? ¿Pretende, como el cáustico Harold Bloom, producir una antología donde pesan más las ausencias que los propios autores incluidos? A mi modo de ver, Duanel procura desmarcarse, pretende una lectura desviada en torno a los hechos más recientes de la literatura cubana. Y, ciertamente, lo logra con creces. No obstante, por momentos se torna demasiado violentado el mapa escritural de la isla.

“Esta antología, asegura Duanel, no busca dar identidad, marcar terreno, dar voz a grupo alguno”. A decir verdad, no veo cómo se sostiene tal afirmación dentro del texto. En todo caso, si el libro no ofrece identidad es porque, como ya vimos, suprime identidades imprescindibles dentro del contexto emergente. No creo que Una literatura… como libro, esté marcado por el despropósito. No me atrevo siquiera a pensar en las posibles lagunas de Duanel Díaz, que me imagino no tenga demasiadas lecturas pendientes en materia de literatura cubana contemporánea. Creo, eso sí, en la necesidad de imponer su juicio, sus gustos personales; en la voluntad de tomar partido sobre esta generación degenerada, echa de hastío y decepción. ¿Y acaso no es esa otra manera de marcar terreno?

Por otro lado, es preciso señalar que muchos de los textos reunidos –sobre todo en el caso del ensayo y la crónica–, han visto la luz en el espacio digital, no en formato impreso. No es un secreto que las plataformas digitales en Cuba, suponen el espacio de catársis para muchos autores. El propio Gilberto Padilla, produce sus mejores descargas –las más electrizantes y polémicas– desde sitios como La Noria, onCuba y el reciente Hypermedia Magazine. A esos cenáculos acudió Duanel, ajeno a los prejuicios académicos, en busca de materia prima. Su antología –esto me parece ideal– obedece a un proceso de rara decantación, donde pueden coexistir los textos de procedencia más peregrina. Hay, en cambio, una voluntad de apresar en páginas toda la producción desperdigada, fluctuante dentro de las redes.

Con todo lo dicho hasta ahora se comprueba una cosa: toda antología, sea buena o mala, se parece a su autor. Esta es buena. Tan arrebatadamente buena como Duanel. Solo que, como el mismo autor apunta, se deja contaminar por la espesa neblina del presente hasta incurrir en algún que otro olvido imperdonable.

De cualquier manera, este libro se me antoja superior a la inmensa mayoría de las compilaciones que aparecen año tras año en nuestro espacio, cifradas por el ABC de los premios, las capillas, lo políticamente correcto y un abusivo compromiso editorial. No creo que en Letras Cubanas o cualquier otra editorial del patio, se pueda encontrar un editor capaz de alejarse de los sitios comunes que vacían la voluntad individual e imponen antologías como rayas en la piel de un tigre. Al menos, me toca salvar a Gilberto Padilla y sus Malditos Bastardos (Caja China, 2015) –a mi entender, superior al libro en cuestión–, donde desfilan –como reza jocosamente la cubierta– “Diez narradores cubanos que no son Leonardo Padura, ni Pedro Juan Gutiérrez, ni Zoé Valdés”; y ahora, al propio Duanel Díaz, con esta mesa sueca literaria.

Como Ulrich, el depresivo antihéroe de Robert Musil, frente a la decadencia del imperio austro-húngaro; con la misma ironía que hace parecer a este personaje un rebelde sin causa, hombre sin cualidades hasta el último de sus días, el ensayista Duanel Díaz Infante nos ofrece –con todo el peso y la objetividad de su juicio crítico– su interpretación de la actual literatura cubana. No en balde el autor echa mano al título de Musil (Un hombre sin cualidades,), para darnos a entender que aún cuando predomina la decadencia como síntoma permanente en la isla, la literatura encuentra el resquicio por donde filtrarse, el medio donde poder ser.

Tal vez, ya Rafael Rojas tenga en sus manos una nueva refutación, buscando corregir las omisiones de su antagonista. Algo así como una contrantología. Un nuevo pase de lista.

 

 

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