De los placeres de Olga Semionovna Petrova o Génesis

Por: Rigoberto Otaño Milián

El paso inseguro había llevado a Fiodor, empujado por obreros que surgían como pulgas de cualquier esquina, a un estado de molestia psicológica, de incomodidad física. Al encontrar la puerta roja entró apurado. « ¿Otra vez por aquí?» Lo recibió Olga sarcásticamente «Creí que con lo del lunes te bastaría.» Fiodor, evitando responder a la provocación, fue directo al grano: «Necesito un poco más…» «Hasta que no me pagues no obtendrás nada» Olga disfrutaba con la superioridad que le otorgaba la situación. «Por favor…en cuanto termine este trabajo te pagaré con intereses» «He dicho que no, Fiodor Mijailovich» «Por favor» Suplicó una vez más «¿Qué quieres de mí, sexo?» Ya se desabrochaba el pantalón. Las partículas de alcohol mezcladas con su aliento. « ¿Qué haces, idiota? Guarda eso antes de que llame a un policía» «Olga Semionovna, por favor.» «He dicho que no y punto» Dijo señalándole con un dedo la puerta roja por la que había entrado un poco antes. Un hacha recostada a la pared llamó la atención de Fiodor. Se sabía capaz de hacerlo, en segundos habría terminado, incluso sabía dónde buscar el dinero, nadie lo descubriría, ya estaba decidido. Los golpes en la puerta lo sacan de su estupor. Los gritos de Igor, angustiado por el frío, apuran a Olga. Igor entra y una brisa helada hace crujir el apartamento. Saluda a Fiodor pero este, ausente, ya se hunde en su red de pensamientos. De un empujón lo aparta y vuelve apurado a las calles de San Petersburgo. Con cada paso balbucea algo para sí… «Será a una vieja usurera…con un hacha de cocina.»

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